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El conocimiento es un proceso largo que se extiende durante toda la vida y se basa en las interacciones sociales. "No estamos, como Robinson Crusoe en su isla, solos en un mundo que debemos entender”, señala el co-director del Instituto para el Aprendizaje de las Neurociencias de la Universidad de Washington, Andrew Meltzoff. Según sus investigaciones, lasinteracciones sociales son más importantes de lo que se piensa en el aprendizaje infantil, y los niños aprenden mejor cuando lo hacen de otros humanos.
Los bebés, por ejemplo, necesitan a otras personas para aprender. Obtienen más información viendo a una persona cara a cara que viéndola a través de una pantalla de televisión, por lo que el rol de los tutores y padres a la hora de educar un niño es muy necesario. "Podemos aprender qué hacer mirando a los demás, e incluso podemos comprender lo que piensa otra gente a través de sus acciones. El aprendizaje es bidireccional", explica Meltzoff.
Los educadores saben que la gente joven pasa un 80% de su tiempo fuera de la escuela, aprendiendo de manera activa en comunidad, en museos, en los juegos en línea o en todo tipo de actividades. Un aprendizaje continuo en el que las tecnologías pueden jugar un papel muy importante. Pero, tal y como indica Dolors Reig, las herramientas como Facebook, Twitter o los mensajes de texto que permiten aprender a resolver problemas de forma colaborativa exigen que la persona contribuya para ser útiles.
Autor: Kike Alonso